Aunque no llevo demasiado tiempo como voluntario en Acción Humanitatis, si algo he aprendido de las salidas semanales, dentro del proyecto A pie de calle, ha sido a apreciar la inmensa variedad de casos que se dan entre las personas sin hogar a las que acompañamos cada lunes con un poquito de charla y el reparto de algunos tentempiés.

Las personas sin hogar son tan diversas como lo son las personas con hogar (ya sé que es una perogrullada, pero hace falta recalcarlo). Las circunstancias que conducen, en cada caso, a la pérdida de un hogar o un techo son múltiples y muy diferentes. Cada persona presenta una historia de vida, la suya, absolutamente particular e irrepetible. Quedarse sin hogar puede ocurrirle a mujeres y hombres, jóvenes y mayores, españoles y extranjeros, blancos y negros, empleados y desempleados, católicos y musulmanes, adictos y no adictos, licenciados y analfabetos, bordes y simpáticos y todos los tipos de clasificaciones que queráis incluir.

Encontrarse sin un hogar mínimamente digno no representa una CATEGORÍA estable que defina a la persona. Es, simplemente, una SITUACIÓN que, aunque, en muchos de los casos que conocemos, puede llegar a prolongarse en el tiempo indefinidamente, no supone ninguna característica de la persona. No se es una Persona sin hogar como se es ingeniero o barrendero, rubio o moreno. Muchas personas sin hogar antes tuvieron un hogar confortable, vivieron bajo un techo seguro, estuvieron sanos, acompañados, disfrutaron de sus familias.., y ¿por qué no? pueden volver a tener una vida estable y plena, pasada esa triste etapa de su vida. En realidad estamos hablando de Personas AHORA sin un hogar digno debido a unas circunstancias, diversas en cada caso.

Cuando hablamos de personas sin hogar metemos a todas las personas en un mismo saco, las prejuzgamos en bloque y les aplicamos nuestras creencias, lo que nos genera un sentimiento, según la idea -equivocada la mayoría de las veces- que nos hayamos hecho.

¿Por qué ese sentimiento suele ser de rechazo y de exclusión?. El hecho de que conceptualicemos a las personas sin hogar como un todo distinto, dentro de una categoría indeseable, facilita que las apartemos de nosotros, nos ayuda a distanciarnos de ellas, a darles carpetazo ignorándolas primero, rechazándolas, si por casualidad nos vemos abocados a mantener algún contacto con ellas e incluso odiándolas o agrediéndolas como en los casos, cada vez más frecuentes, de aporofobia. El hecho de que nos veamos tan diferentes a ellas, que no admitamos que son personas normales, cuyas vidas, circunstancias y decisiones han podido abocar a estas situaciones, nos ayuda a alejarnos de esa posible amenaza, a olvidarnos del fantasma que pueden representar para nosotros.

Desde el equipo A pie de calle te invitamos a conocer mejor a estas personas, a dialogar con ellas, a intentar comprenderlas, a colaborar, aunque sea mínimamente, para que puedan salir de su situación actual. Te invitamos a que te liberes de ese miedo latente derivado de los prejuicios, a que compruebes lo enriquecedor que puede resultar el contacto con otras personas, con los mismos deseos y anhelos que tenemos todos, aunque se encuentren, en la actualidad, sin un hogar.

Tener un hogar nos aporta la seguridad, el confort y la estabilidad física y mental que todos necesitamos. Por defender este derecho es nuestra lucha.

Author accion

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