El pasado lunes día 6, un grupo de voluntarios de Asociación Humanitatis tuvimos la oportunidad de acompañar a dos agentes de la Unidad de Gestión de la Diversidad del Ayuntamiento de Madrid en una de sus salidas nocturnas por la ciudad.

Esta unidad, creada en abril de 2016, es la única existente en España. Su misión es la de lucha contra los delitos de odio y discriminación por condición sexual o religiosa, personas sin hogar, migrantes, etc. en la ciudad de Madrid. Sobre las 10 de la noche, P. y J., los dos agentes de la Unidad a los que vamos a acompañar, nos recogen en las inmediaciones de Plaza Mayor. Visten de paisano. Sus vehículos no llevan distintivos identificativos. Nos distribuimos en dos coches y damos inicio a una ruta
previamente planificada.

Paramos en múltiples puntos de la ciudad. En todos ellos se encuentran personas de edades, nacionalidades, religiones, situaciones diversas, con un rasgo en común: o han sido víctimas de algún delito de odio, o son consideradas especialmente vulnerables de serlo o a sufrir algún
tipo de discriminación.

Deducimos que P. y J. han debido trabajarse durante mucho tiempo las relaciones con las personas que vemos porque los encuentros siempre se desarrollan en un ambiente de gran cordialidad y confianza. Hay ocasiones en las que, desde el grupo de voluntarios, podemos contactar con las personas en calle directamente. Durante la conversación, afloran sus
problemáticas e intentamos complementar la labor de la UGD ofreciendo algunas alternativas de integración a través de los recursos a movilizar desde nuestra Asociación. En otros casos, las personas en calle prefieren mantener la confidencialidad y tratar tan solo con P. y J. , situación
que, por supuesto, respetamos.

Durante el recorrido paramos para ver personas sentadas en algunas de las calles más transitadas del centro, en un pequeño hueco, bajo una vía ancha con tráfico intenso, en la entrada de una tienda cuyos focos no se apagan hasta las 12 de la noche, bajo una estructura precaria en un pasillo con un muro de cemento cercano a un parque más al sur de la ciudad.

Casi siempre protegidas por cartones. Personas emigrantes, con discapacidad, demasiado jóvenes, demasiado mayores, demasiado solas, también en pareja…, personas con una vida que sacar adelante. Sobre la una y media de la madrugada, hacemos una parada en la concentración espontánea de personas sin hogar establecida en Paseo del Prado, frente al Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social para pedir que la Administración les provea de una solución habitacional digna.

Mientras P. y J. preguntan si se ha dado algún caso en esta comunidad de algún delito de odio, tenemos ocasión de hablar con varias de las personas que se encuentran acampadas en esta zona. Personas que viven en la calle, en situaciones extremas de pobreza, indigencia y vulnerabilidad, tanto física como psicológica. Personas que no comprenden en absoluto cómo nuestra sociedad permite que haya personas que se encuentran malviviendo en la calle sin un hogar, mientras los poderosos especulan continuamente con un parque de viviendas vacías que daría sobradamente para resolver esta situación, incumpliendo, de manera flagrante y sin ningún tipo de pudor, el Artículo 47 de la Constitución Española: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”.

Para cubrir sus necesidades inmediatas, desde aquí, os invitamos a que colaboréis en la medida de lo posible trayendo: alimentos, abrigo, enseres, etc.. Podéis donarlos en el mismo lugar en el que se encuentra la acampada.

El ambiente es el de cualquier patio de vecinos bien avenidos. De fondo se aprecia resolución y firmeza. Probablemente la lucha y la esperanza han rescatado vínculos olvidados.

Damos por finalizada nuestra ruta y nos despedimos de P. y J., sintiéndonos muy cercanos a estos profesionales que se dejan cada noche lo mejor de sí mismos y con la confianza de que continuaremos encontrándonos.

Ojalá el Ayuntamiento de Madrid sepa valorar este servicio más allá de las cifras y las estadísticas y continúe potenciándolo porque también las personas pobres, discriminadas y excluidas tienen derecho a sentirse seguras y a que su diversidad, efecto de nuestros prejuicios, sea atendida y respetada.

José Manuel, Voluntario-Psicólogo

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